En Florencia, un lampredotto de camión callejero cuesta unos 5 o 6 euros y se come de pie, con salsa verde goteando por la muñeca. En un restaurante con mantel, la misma ciudad te cobra 60 euros por una bistecca alla fiorentina que ni siquiera llega con guarnición. La Toscana en otoño funciona así: dos velocidades gastronómicas conviviendo a cien metros, y el truco está en saber cuándo usar cada una.
Octubre es, además, el mes en el que la región se pone a trabajar de verdad. Termina la vendimia del Chianti, arranca la recogida de la aceituna y los bosques de castaños y porcini se llenan de gente con cesta. Los turistas de agosto ya se han ido y las mesas, por fin, se pueden reservar con un día de antelación.
Florencia empieza en el mercado, no en el Duomo
El Mercato Centrale de San Lorenzo tiene dos pisos: abajo, el mercado de toda la vida con carniceros, queserías y puestos de verdura; arriba, un food hall que abre hasta medianoche. Mi consejo es hacer el recorrido al revés de lo que hace todo el mundo: desayuna abajo (un panino con porchetta o un trippa) y deja el piso de arriba para una cena ligera.
Si quieres algo menos turístico, cruza hasta el mercado de Sant’Ambrogio, en el barrio del mismo nombre. Allí compra el florentino de verdad, y los puestos de comida caliente del fondo sirven pasta casera a mediodía por poco más de 8 euros.
Lo que hay que pedir sí o sí
- Ribollita: sopa espesa de pan duro, col negra y alubias. En octubre, con el primer fresco, es cuando tiene sentido.
- Pappa al pomodoro: parecida pero más dulce, mejor en las trattorias de barrio que en las del centro.
- Lampredotto: el cuarto estómago de la vaca, cocido en caldo. Impresiona de lejos, engancha de cerca.
- Bistecca alla fiorentina: se cobra por peso, normalmente entre 50 y 70 euros el kilo, y se sirve poco hecha. Si la pides bien cocida, el camarero te lo recordará con cara de pena.

Chianti: bodegas, olio nuovo y carne de cinta senese
La carretera SR222, la Chiantigiana, enlaza Florencia con Siena en unos 70 kilómetros y atraviesa Greve, Panzano y Castellina. Necesitas coche; el transporte público no llega a las bodegas pequeñas, que son las buenas. Muchas hacen visita con cata por 20 o 30 euros por persona, y en octubre el olor a mosto sigue flotando en los patios.
Lo que casi nadie cuenta es el aceite. La molienda de la aceituna empieza a finales de octubre y el olio nuovo, recién prensado, verde y picante, solo se encuentra unas semanas. Muchos frantoi te dejan probarlo sobre una rebanada de pan sin sal. No es un detalle menor: cambia lo que entiendes por aceite de oliva.
En Panzano, la carnicería de Dario Cecchini es parada obligada para los carnívoros, y la cinta senese (un cerdo autóctono de franja blanca) aparece en casi todas las cartas de la zona. Si has probado los destinos de setas en España, aquí la lógica es la misma: producto de temporada, poca complicación en el plato.
Siena y el Val d’Orcia: del Brunello a los porcini
Siena se come en dos tiempos. Por la mañana, un café y un trozo de panforte (dulce denso de miel, frutos secos y especias) en cualquier pastelería cerca de la Piazza del Campo. A mediodía, pici all’aglione: espaguetis gruesos hechos a mano con salsa de ajo y tomate. Parece sencillo y no lo es.
A 40 kilómetros al sur está Montalcino, cuna del Brunello. La última semana de octubre celebra la Sagra del Tordo, con desfile de barrios, concurso de arquería y puestos de comida por todo el pueblo. Compruébalo en el calendario del ayuntamiento antes de reservar, porque las fechas exactas cambian cada año.
Desde allí, Pienza queda a media hora y es la capital del pecorino toscano. Las queserías del centro venden queso fresco y curado con miel de castaño, y la versión con tartufo es cara pero compensa si solo vas a probar una.

Castañas, polenta y otros caprichos de monte
Fuera de los circuitos de vino, octubre es temporada de castaña. En Marradi, en los Apeninos al norte de Florencia, se celebra la Sagra del Marrone durante varios fines de semana, con castañas asadas, tortelli de castaña y harina para llevarte a casa. Es un plan mucho más local que cualquier cata en Chianti, y los precios lo reflejan: un plato abundante ronda los 10 euros. Allí también encontrarás polenta con ragú de jabalí, un plato contundente que pide abrigo y buen humor.
Dónde comer, para qué y cuánto tiempo dedicarle
Esta es la ruta que mejor funciona en cinco o seis días, con base en Florencia los dos primeros y luego dos noches en el Val d’Orcia o en Siena:
| Parada | Qué ver y comer | Plato o producto | Tiempo |
|---|---|---|---|
| Florencia | Mercato Centrale y Sant’Ambrogio | Lampredotto, ribollita, bistecca | 1-2 días |
| Chianti (Greve, Panzano) | Bodegas y macellerie | Chianti Classico, cinta senese, olio nuovo | 1 día |
| Siena | Piazza del Campo y alrededores | Pici all’aglione, panforte, ricciarelli | 1 día |
| Montalcino y Val d’Orcia | Bodegas del Brunello, Pienza | Brunello, pecorino, funghi porcini | 1-2 días |
| San Miniato | Ferias de trufa blanca (noviembre) | Tagliatelle con trufa, huevo con trufa | Medio día |
Trufa blanca: la excusa para ir en noviembre
Si puedes elegir fechas, noviembre gana por un detalle: la trufa blanca de San Miniato. La feria se celebra durante varios fines de semana a mediados y finales de mes, y los restaurantes del pueblo ofrecen menús con trufa rallada en el momento. El gramo ronda los 4 o 5 euros en plato, así que un tagliatelle con trufa para uno se va fácilmente a 40 euros. Es caro. También es de lo mejor que vas a comer en el viaje.
En octubre todavía no hay trufa blanca en abundancia, pero sí castañas y porcini. Si te interesa la cocina italiana de costa como contraste, mira cómo comen los italianos junto al mar en la gastronomía de playa en Italia: pescado y verdura en lugar de caza y legumbres.
Cómo llegar y cuánto presupuestar
Hay vuelos directos desde Madrid y Barcelona a Florencia y a Pisa, y el tren de alta velocidad conecta Florencia con Roma y Bolonia si quieres enlazar otra ciudad. Para moverte por Chianti y el Val d’Orcia, alquila coche: calcula entre 40 y 60 euros al día en temporada baja, más parking y gasolina.
- Un almuerzo en trattoria con primer plato, segundo y vino de la casa: 20 a 30 euros por persona.
- El coperto (cubierto) es habitual y cuesta 2 o 3 euros por persona; no es una trampa, es parte del precio.
- Reserva con antelación en fin de semana, incluso en octubre.
- Evita los restaurantes con carta fotografiada en la puerta, sobre todo cerca del Duomo y del Ponte Vecchio.
Una última cosa antes de reservar el vuelo
No intentes ver toda la Toscana en una semana. Lo que hace especial este viaje es la pausa: la sobremesa de dos horas en una trattoria sin prisa, la conversación con el dueño de la bodega que te sirve una copa más de lo que has pagado. Elige dos zonas, deja huecos sin planificar y llévate una maleta con espacio para botellas y aceite. Lo vas a necesitar.
Y si ya tienes fechas en mente, ve mirando alojamiento y vuelos con tiempo: los fines de semana de la feria de trufa se llenan antes de lo que cabría esperar.
